Cada 17 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión Arterial, una fecha clave para la salud pública global y, especialmente, para Argentina. En una reciente entrevista concedida al programa Comunidad Profesional, el doctor Jorge Chiabaut Svane, médico especialista en cardiología, magíster en mecánica vascular y consejero de la circunscripción VIII de la Federación Médica de la provincia de Buenos Aires (Femeba), analizó el panorama actual de esta enfermedad que alcanza proporciones que generan alerta en el ámbito de la salud.
Una estadística preocupante
La hipertensión arterial no es un problema menor en el territorio nacional. Según las cifras compartidas por el especialista, afecta aproximadamente al 36% o 40% de los adultos, lo que se traduce en más de 12 millones de personas en el país. Sin embargo, el dato más inquietante no es solo la prevalencia, sino la falta de diagnóstico y tratamiento efectivo.
El Dr. Chiabaut Svane señala que existe una brecha crítica en el control de la enfermedad: «Mucha gente hipertensa no sabe que lo es». De aquellos que cuentan con un diagnóstico, la mitad no recibe tratamiento. Y de quienes sí están tratados, solo un porcentaje muy pequeño logra mantener su presión arterial controlada.
El médico define el éxito terapéutico como el mantenimiento de valores inferiores a 135 mm de mercurio para la presión máxima (sistólica) y menos de 85 mm para la mínima (diastólica)
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El peligro del «asesino silencioso»
La razón por la cual la hipertensión es tan letal reside en su naturaleza asintomática. «Desafortunadamente, la presión arterial no da síntomas cuando se encuentra elevada», afirma el cardiólogo, calificándola como el «asesino silencioso».
Esta ausencia de señales permite que la enfermedad evolucione durante años sin ser detectada, a menos que se realice un control médico regular.
El experto desmitifica la creencia popular de que ciertos malestares comunes son indicadores de presión alta. A menudo, otros problemas causan síntomas que coinciden con una toma de presión elevada, pero la hipertensión en sí misma no suele avisar.
Por ello, subraya la importancia de controlar la presión en cada visita médica, independientemente del motivo de la consulta.
Diagnóstico preciso y factores hereditarios
El diagnóstico de la hipertensión no debe tomarse a la ligera. El Dr. Chiabaut Svane advierte que una única medición elevada en un consultorio no define a un paciente como hipertenso.
Para un diagnóstico certero, se requieren procedimientos como la repetición de mediciones domiciliarias con técnica adecuada o el uso del monitoreo de presión arterial ambulatorio (MAPA), un dispositivo que registra los valores automáticamente cada 15 minutos durante 24 horas.
Asimismo, el factor genético juega un rol preponderante. Existe una relación genéticamente comprobada entre los antecedentes familiares y el desarrollo de la afección. «Aquellas personas que saben que sus padres o sus abuelos tienen o tuvieron hipertensión arterial» deben ser especialmente vigilantes con sus controles.
Los pilares del tratamiento: más allá de los fármacos
Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento se apoya en dos pilares fundamentales: el farmacológico y el no farmacológico.
En la actualidad, la medicina dispone de fármacos altamente eficaces, pero el especialista aclara que estos deben ser usados en dosis y combinaciones adecuadas para no ser insuficientes.
No obstante, el cambio en el estilo de vida es vital. El Dr. Chiabaut Svane recomienda:
Alimentación saludable: Basada en la dieta mediterránea (pescado, aceite de oliva) y, fundamentalmente, sin sal.
Evitar ultraprocesados: Se debe evitar la «comida chatarra», el exceso de delivery y las comidas compradas en rotiserías, que suelen tener altos niveles de sodio.
Actividad física: Es una condición esencial tanto para prevenir como para tratar la patología.
Consecuencias de la desatención
Para ilustrar el daño que causa la hipertensión, el doctor utiliza una analogía mecánica: las arterias son como caños diseñados para funcionar a una presión determinada. Cuando funcionan bajo una presión aumentada de forma constante, la pared arterial se lesiona y se enferma.
Este deterioro es el que conduce a complicaciones graves y potencialmente mortales, como el accidente cerebrovascular (ACV), el infarto agudo de miocardio y la insuficiencia renal.
A pesar de la falta de estadísticas oficiales actualizadas en la provincia de Buenos Aires —los últimos relevamientos nacionales de factores de riesgo datan de 2017—, los estudios de sociedades científicas como la Sociedad de Cardiología confirman que la tendencia sigue siendo alta.
El mensaje final del especialista es un llamado a la acción ciudadana: «Aprovechemos el Día Mundial de la Hipertensión Arterial para concurrir a un centro de salud o una guardia… para conocer cuáles son nuestros valores». El conocimiento es el primer paso, pero como bien concluye el doctor, «saber dónde estamos parados y no hacer ninguna acción no conduce a nada».





