En un contexto donde la salud mental de los profesionales sanitarios atraviesa un momento de fragilidad sin precedentes, la Sociedad Platense de Anestesiología (SPA) ha decidido tomar la delantera. Los «Conversatorios de Salud Mental», coordinados por la Lic. Romina Díaz —titular del Departamento de Bienestar Ocupacional de la SPA—, cumplen su tercer año consecutivo de éxito, consolidándose como un espacio de referencia institucional.
La persistencia de este ciclo refleja un cambio de paradigma profundo dentro de la SPA. Al institucionalizar estos encuentros, la Sociedad no solo protege a sus colegiados, sino que fortalece su propia reputación y sostenibilidad operativa. Reducir los niveles de agotamiento profesional y promover una red de contención permite a la institución mitigar riesgos clínicos y posicionarse como un modelo de gestión humana en el ámbito de la salud, entendiendo que un anestesiólogo cuidado es la mejor garantía de una anestesia segura.
El rol del cerebro bajo presión
El rigor técnico de estos encuentros se manifiesta en la participación de especialistas de primer nivel, como la doctora en neuropsicología Lucía Crivelli. Su aporte ha sido fundamental para desglosar cómo el estado del profesional afecta la toma de decisiones clínicas en el quirófano. Un punto clave es la distinción entre la salud emocional y la aptitud cognitiva funcional: no basta con «sentirse bien» emocionalmente; es imperativo que los procesos cognitivos de atención, memoria y ejecución operen al máximo nivel.
Bajo esta óptica, el «cerebro sano» se redefine como una herramienta técnica más en el arsenal del anestesiólogo. Así como se calibran los monitores de signos vitales del paciente, la propuesta de la SPA sugiere la necesidad de un «monitoreo previo» del estado del médico. Esta capa analítica plantea que la salud mental es el sustrato de la precisión técnica, y que evaluar la aptitud funcional a lo largo de la carrera es esencial para garantizar que cada decisión en el quirófano sea la correcta.
Desgaste, monitoreo y consumos problemáticos
Los conversatorios han logrado romper el silencio sobre temas que históricamente han sido tabú en la comunidad médica. Al humanizar la figura del médico, se le permite abandonar el mito de la infalibilidad para reconocerse como un sujeto vulnerable.
El dilema de la edad: Se debate con franqueza sobre la tensión entre la experiencia acumulada y el deterioro cognitivo natural. Los participantes cuestionan la viabilidad de implementar monitoreos constantes que certifiquen la aptitud para la toma de decisiones críticas en edades avanzadas.
Consumos problemáticos: Esta temática genera una alta demanda de orientación. El espacio ofrece la confianza necesaria para abordar cómo las presiones extremas del entorno pueden derivar en conductas de riesgo, permitiendo que el profesional encuentre herramientas de solución antes de que el malestar comprometa su práctica o su integridad.
Cuidar al que cuida: Un enfoque multifactorial en un momento crítico
La Lic. Romina Díaz es enfática: la situación actual de la salud mental en los equipos sanitarios es «crucial» y atraviesa un estado «crítico». El bienestar no depende de un único factor, sino de una red de dimensiones que deben ser abordadas de forma sistémica:
Factor Económico y Laboral: El impacto de las condiciones materiales y la estructura del sistema sobre el estrés del profesional.
Factor Vincular y Relacional: La importancia de la confianza y el apoyo mutuo dentro del equipo de salud.
Factor Individual: La manera en que cada profesional sintomatiza y manifiesta su malestar.
Este enfoque multidimensional sostiene que, si un médico no puede proyectar una vida satisfactoria o un bienestar personal mínimo, su capacidad para ejecutar actos médicos seguros se ve comprometida. Mejorar la calidad de vida del profesional es, por lo tanto, una estrategia directa para reducir el error clínico y elevar la seguridad del paciente.
Metodología del encuentro: Horizontalidad y construcción de confianza
La dinámica de los conversatorios, moderados por la Lic. Díaz junto a los doctores Carlos Marcheschi y Diego Sarasola, se aleja de la estructura jerárquica tradicional. El éxito de estos tres años radica en la horizontalidad, permitiendo que los asistentes compartan experiencias vivenciales por encima del saber académico formal.
Esta metodología ha demostrado su eficacia en hitos específicos del ciclo, como los encuentros dedicados a la perspectiva de género y a los consumos problemáticos. En estas sesiones, el alto nivel de participación y apertura confirmó que, cuando existe un entorno de confianza, los profesionales pueden reflexionar sobre las relaciones de poder y las situaciones diarias que afectan su labor, convirtiendo la experiencia individual en un aprendizaje colectivo para la mejora del trabajo diario.





