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El Niño se fortalece: qué puede esperarse en Argentina y la provincia de Buenos Aires

Por Alejandro Anibal Godoy

Dr. en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la UBA

Actualmente Profesor asociado de la cátedra de Meteorología Sinóptica de la FCAG-UNLP

El Niño ya está activo y los pronósticos indican que continuaría fortaleciéndose, con una máxima intensidad probable hacia fines de 2026. La posibilidad de que el calentamiento del océano Pacífico llegue a valores excepcionales abre una pregunta central: ¿qué podría significar este escenario para el país y, particularmente, para la provincia de Buenos Aires? La respuesta no es tan directa como sugieren algunos titulares. Un evento extraordinario en el Pacífico no garantiza lluvias, inundaciones ni impactos récord en cada región. Comprender qué fenómenos se vuelven más probables, dónde y durante qué período es fundamental para interpretar el pronóstico correctamente y convertir la información climática en decisiones y medidas de preparación.

Un fenómeno del océano y la atmósfera

“El Niño” forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENOS, una variación natural del sistema climático que surge de la interacción entre el océano Pacífico tropical y la atmósfera. Para que el fenómeno se establezca, las anomalías de la temperatura del océano deben estar acompañadas por una respuesta coherente de la atmósfera observable en los vientos, la presión y la convección tropical.

En condiciones normales, los vientos alisios soplan de este a oeste a lo largo del Pacífico ecuatorial, acumulan aguas cálidas cerca de Indonesia y favorecen el ascenso de aguas más frías frente a las costas de Sudamérica. Durante El Niño, esos vientos se debilitan. El agua cálida se desplaza hacia el centro y el este del Pacífico, y disminuye el afloramiento de agua fría. Ese calentamiento modifica a su vez la circulación atmosférica y puede debilitar todavía más los alisios. Este proceso de realimentación océano-atmósfera se conoce como mecanismo de Bjerknes.

El ENOS presenta tres fases. El Niño es la fase cálida; La Niña, la fase fría, caracterizada por alisios generalmente más intensos, mayor afloramiento de aguas frías en el Pacífico oriental y un contraste térmico ecuatorial reforzado. La fase neutral indica que el sistema no cumple los criterios de ninguna de las dos fases.

Los episodios se repiten de manera irregular, aproximadamente cada dos a siete años, y suelen durar entre nueve y doce meses, aunque algunos persisten durante más tiempo. Su desarrollo depende de perturbaciones oceánicas y atmosféricas que pueden amplificarse o disiparse, por lo que la evolución se monitorea continuamente.

¿Cómo se mide la intensidad del ENOS?

Para describir la evolución de El Niño se analiza principalmente la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4, ubicada en el Pacífico ecuatorial central. Durante décadas, la intensidad de los episodios se describió principalmente mediante el Índice Oceánico del Niño (ONI), que es el promedio móvil de tres meses de la anomalía de temperatura superficial del mar. Sin embargo, la temperatura de los océanos tropicales también aumenta como consecuencia del cambio climático, lo que puede dificultar la comparación entre episodios ocurridos en diferentes décadas.

Para reducir esa influencia, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) utiliza actualmente el Índice Oceánico del Niño Relativo, conocido como RONI. Este indicador considera el promedio móvil de tres meses de la anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4, pero descuenta el calentamiento medio de los océanos tropicales y aplica un ajuste estadístico para conservar una variabilidad comparable con la del índice tradicional.

Según la escala utilizada actualmente por NOAA, la intensidad de El Niño se clasifica a partir del RONI trimestral de la siguiente manera:

CategoríaRONI trimestral
El Niño débil+0,5 ≤ RONI < +1,0 °C
El Niño moderado+1,0 ≤ RONI < +1,5 °C
El Niño fuerte+1,5 ≤ RONI < +2,0 °C
El Niño muy fuerteRONI ≥ +2,0 °C

Escala empleada en las probabilidades oficiales de intensidad de NOAA. Los umbrales corresponden a promedios trimestrales, no a anomalías semanales.

La expresión «súper Niño», ya difundida en los medios, no representa una categoría científica u operativa adicional. Tampoco «histórico» es una quinta categoría. En este caso, se utiliza para describir la posibilidad de que el RONI supere los valores de todos los episodios contenidos en la serie calculada desde 1950.

El Niño ya está presente

El informe publicado por el Servicio Meteorológico Nacional el día 1 de septiembre confirma que el sistema océano-atmósfera presenta condiciones consistentes con El Niño. Durante agosto se observaron aguas más cálidas que lo normal en gran parte del Pacífico ecuatorial, debilitamiento de los alisios, mayor convección alrededor y al este de la línea internacional de cambio de fecha y un Índice de Oscilación del Sur persistentemente negativo. Estas señales muestran que el calentamiento del océano ya está acoplado con la atmósfera.

En la actualización de la NOAA del 21 de septiembre, las anomalías relativas semanales de la temperatura superficial del mar fueron de 0 °C en Niño 4, +2,1 °C en Niño 3,4, +3,0 °C en Niño 3 y +3,9 °C en Niño 1+2. Estos indicadores, calculados a partir de datos semanales, muestran un calentamiento excepcional y permiten seguir la evolución más reciente del calentamiento, pero no determinan por sí solos la categoría de intensidad del episodio en la escala climática. El último RONI observado disponible, correspondiente a junio-julio-agosto de 2026, fue de +1,4 °C, una estimación que nos indica que el evento alcanzó una categoría moderada durante el invierno.

Figura 1. Arriba, regiones utilizadas para monitorear la temperatura superficial del mar. En la imagen de abajo, anomalías estacionales convencionales de la TSM entre el 21 de junio y el 19 de septiembre de 2026, respecto del período 1991–2020. Fuente: NOAA Physical Sciences Laboratory. 

Un escenario potencialmente histórico

Para octubre-diciembre se prevé que el evento del Niño alcance su máxima intensidad (Figura 2). La NOAA estima un 98 % de probabilidad de que el RONI alcance o supere +2 °C, umbral correspondiente a un episodio muy fuerte. Dentro del mismo conjunto de pronósticos para ese trimestre, el valor medio más probable del índice se sitúa en +2,7 °C. Esta estimación está acompañada por un rango de incertidumbre: el 90 % de los valores pronosticados se encuentra entre +2,12 y +3,23 °C. Después de ese máximo, el episodio se debilitaría gradualmente durante el verano y el otoño de 2027. Para abril-junio, la transición hacia condiciones neutrales aparece como el escenario más probable, aunque persiste incertidumbre sobre el momento de finalización.

Figura 2. Probabilidades de las categorías de intensidad del ENOS según el RONI trimestral en la región Niño 3.4. Septiembre de 2026. Fuente: NOAA Climate Prediction Center.

¿Cómo puede afectar a Argentina?

El calentamiento del Pacífico tropical modifica la circulación atmosférica mediante teleconexiones. En el sudeste de Sudamérica, una de las respuestas más robustas de El Niño es el aumento de la probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal, particularmente durante la primavera. La señal suele ser más clara sobre el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay, el Litoral argentino y sectores del centro-este del país.

El mecanismo incluye cambios en la circulación de gran escala y en el transporte de humedad desde las regiones tropicales hacia el sur. Sin embargo, El Niño no produce el mismo efecto en todo el territorio nacional. Mientras en el noreste y el este aumenta el riesgo de períodos muy lluviosos, otras regiones pueden presentar señales débiles, diferentes o incluso opuestas según la estación del año.

El pronóstico climático del SMN para septiembre-octubre-noviembre de 2026 prevé precipitaciones superiores a lo normal en el norte del Litoral, donde se concentran las probabilidades más altas, y condiciones normales o superiores a lo normal en el sur del Litoral. También asigna mayor probabilidad de lluvias superiores a lo normal a La Pampa y al sudoeste de la provincia de Buenos Aires.

Una provincia con respuestas diferentes

Para el resto de la provincia de Buenos Aires, el SMN pronostica precipitaciones normales o superiores a lo normal durante septiembre-noviembre. Esto no significa que todos los meses serán lluviosos ni que lloverá por encima de lo normal en cada localidad de la provincia. En cuanto a la temperatura media, el pronóstico favorece valores inferiores a lo normal en gran parte del territorio bonaerense.

La provincia tampoco debe analizarse como una unidad homogénea. El Delta, la cuenca del río Salado, el Área Metropolitana de Buenos Aires, las cuencas urbanas de La Plata, la región de llanuras bonaerense y las cuencas serranas del sudoeste presentan condiciones hidrológicas, productivas y urbanas muy diferentes. La humedad del suelo, la capacidad de drenaje, el estado de ríos y arroyos, la urbanización y la exposición de la población determinan cuánto puede transformarse una anomalía de lluvia en un impacto.

Por la misma razón, una mayor probabilidad estacional de lluvias no equivale automáticamente a una inundación. El Niño puede elevar el riesgo de excesos hídricos, pero no es una condición necesaria ni suficiente para que una ciudad o una cuenca se inunde. La inundación de La Plata de abril de 2013, por ejemplo, ocurrió durante condiciones ENOS neutrales.

Figura 3. Anomalías medias de precipitación y temperatura observadas históricamente en Argentina durante episodios de El Niño fuerte y muy fuerte. Los mapas muestran una respuesta climática compuesta: sirven para identificar regiones y estaciones con una señal recurrente, pero no constituyen un pronóstico determinista para 2026-2027. Fuente: Servicio Meteorológico Nacional.

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