En Comunidad Profesional, la arquitecta Milagros Quevedo, coordinadora de la Comisión de Accesibilidad y consejera del Colegio de Arquitectura y Urbanismo de la provincia de Buenos Aires Distrito 1 (CAUBAUNO), analizó las principales barreras urbanas en la ciudad de La Plata respecto a las veredas. Además se refirió a la obsolescencia de las normas y detalló las condiciones indispensables que debe cumplir una vereda accesible.
Considerando la escala e importancia de ciudad capital, Quevedo advirtió sobre la situación de «deterioro total» que presentan las veredas, que están a manos del frentista pero que se debería tener una mirada integral de esta situación.
Deterioro, desniveles y obstáculos cotidianos
Según explicó la arquitecta, la dificultad para transitar las veredas platenses afecta de forma directa a las personas con discapacidad o movilidad reducida, pero también impacta en adultos mayores, familias con cochecitos de bebé, turistas y peatones en general que sufren caídas o lesiones.
A las roturas y desniveles del piso se suma la presencia de obstáculos derivados de un uso comercial sin regulación. Comentó que en el casco céntrico y los alrededores, las veredas empiezan a tener elementos que entorpecen la circulación, como cajones de verdulerías o mesas y sillas de bares colocadas sin criterio. “La vereda tiene un orden pero este no se respeta en esta ciudad y no se controla”, afirmó.
Normativa obsoleta y la necesidad de un plan estatal
La norma vigente exige que la reparación de la vereda recaiga sobre el vecino frentista. Sin embargo, este marco regulatorio quedó desactualizado frente a las exigencias actuales.
La normativa se remonta a los orígenes de la ciudad y exige materiales, como las baldosas tipo vainilla, que hoy resultan difíciles de conseguir en cualquier corralón o casa de cerámicos. A ello se suma la coyuntura económica, que impide a muchos propietarios puedan afrontar los costos de reparación.
“Debería haber un plan integral de veredas que debería surgir del Estado y no del frentista”. Además de contemplarse un nuevo tipo de solado, nuevos elementos, veredas podotáctiles para personas ciegas así como la instalación de rampas como corresponde.
Por este motivo, sostuvo que la solución debe surgir de un plan integral de veredas impulsado por el Estado, con materiales accesibles y disponibles en el mercado, y luego, eventualmente, delegar el mantenimiento posterior al frentista.
¿Qué elementos definen a una vereda accesible?
En la entrevista en el programa que se emite los viernes desde las 14 en FM Classique 106.5, la arquitecta detalló las condiciones técnicas y de diseño que deben considerarse para garantizar la accesibilidad universal en la vía pública:
- Solados antideslizantes: Resulta imprescindible que la superficie evite resbalones y caídas tanto en días de lluvia como durante el baldeo habitual.
- Baldosas podotáctiles: Tienen que incorporarse en el recorrido horizontal para guiar a las personas ciegas o con disminución visual, señalizando con precisión las esquinas y cruces.
- Ubicación y diseño correcto de rampas: Quevedo criticó la colocación de una única rampa diagonal en la esquina -mecanismo utilizado para reducir de 8 a 4 la cantidad de rampas por cruce-, ya que deja a las personas en silla de ruedas desprotegidas en medio de la bocacalle. Las rampas deben instalarse en la alineación correspondiente, contar con pendiente antideslizante y llevar barandas de protección.
- En cuanto al uso de la vereda, se puede usar pero debe haber un orden, las mesas y sillas de comercios gastronómicos no deben colocarse sobre la línea municipal, ya que esta pared/línea es la referencia de guía que utilizan las personas ciegas para orientarse. El equipamiento comercial debe reubicarse hacia el margen de la calle.
- Control de alturas: Se requiere fiscalización sobre la altura de toldos, carteles para evitar accidentes con personas de baja visión o transeúntes distraídos.






